Deja caer el pelo sobre los hombros.
Usa ademanes y establece su punto. Una persona que no ocupa muchas palabras. Cuando la ocasión lo amerita, habla sin cesar.
No aseguro que merezca sus desdichas. Es un ser creyente del destino. “Todo está escrito por la mano de Dios”.
Pone sus ojos en blanco, desvía la mirada.
Las preguntas atacan cuando tiene su guardia abajo. Finge una sonrisa, piensa que todos compran su mueca. Se quita la máscara, sin levantar la vista, canta para consolarse.
Asiste a la iglesia con su familia. Adora al santísimo en espera de sanación. Una muchedumbre rodea a esa persona solitaria.
Sigue sola entre la multitud.

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