Cuando decida tatuarme, serán sus nombres a lo largo de los brazos.

En la planta de los pies estarán sus ojos. ¡Cuántos pares pisaré!

En el vientre sus bocas. Tan tersas y delicadas.

En las palmas, entre mis manos al fin, sus corazones. Al rojo vivo.

Y las piernas quedan libres para los demás que decidan llegar.

La espalda quedará libre para que sigan uniendo lunares y encuentren forma, forma cualquiera.

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