Me gusta el vuelo de mi suéter café con el viento y mis cabellos levantados.

El vaivén tranquilo de las copas de los árboles. Me gusta caminar de noche por las calles casi desiertas con mis zapatos cansados, gastados.

Mirar lo que hay detrás de esas grandes ventanas de los departamentos alumbrados con tenues luces. Que se asomen las lámparas de pie. Me gusta preguntarme qué piensan las personas al mirarme pasar.

En mi otra vida quiero ser una llave que abra un solo lugar con tan únicos movimientos, me gusta la manera de encajar a la perfección y estar sostenida con dos dedos.

Esa urgencia de andar cuando no quiero olvidar ideas. El sonido de mis pasos en el pasillo cuando estoy por llegar. Escribir en hojas de papel y tirarlas cuando ni una letra les cabe ya. Me gusta tenerlas cerca, vacías.

El olor a pan de mantequilla recién horneado con queso encima por las mañanas. Me gusta servirme el café caliente y tomarlo frío.

El sonido desafinado de esa guitarra tuya que alguna vez tocaste para mí. Me gustan las voces graves y cálidas. El eco que dejan en mi cabeza las palabras que me gustaron.

En tardes de soledad vestir mis jeans, botas y abrigo. Salir a sonreír a desconocidos.

Imaginar la forma de tus labios vagando por mi cuerpo. Me gusta el tiempo futuro. Me gustas tú en el.

Me da miedo el silbido del viento. Me gusta sentir el frío de invierno en mis huesos.

Me gusta mirar el cielo de noche e imaginar que las estrellas son tus lunares.

Esas ansias infinitas que me rodean cuando no estás aquí. Me gusta cerrar los ojos e imaginarte a mi lado. Quieto y obstinado.

Me gustas tú.

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