Este cuerpo no es mío,
me fue prestado,
al nacer pesó más de cuatro kilos con la esperanza de que creciera y echara raíces en la tierra,
vino al infinito entre sangre y esperanzas,
de igual manera ha de irse al viento,
se mueve cómodo en el mundo,
he incomodan sus pretensiones y acarreos,
medita y expande sus tiempos en el medio,
descansa en sus adentros y muere cada día.

Apareció entumido un plazo en la arena,
aprendió a ponerse en cuatro patas y el ámbar se escurría por su corteza,
desdibujaba las palabras y alzaba las manos,
un día se puso de pie y nunca más dejó de caminar,
comenzó a hilar tejidos y diptongos,
susurraba al viento sus temores,
rezaba por las noches al universo,
abusó de sus capacidades pero también disfrutó de sus ensueños,
canturrea y llora,
despertaba con los suyos en lánguidos retozos y bostezos.

Otros cortos y después en brincos se alza entre tierra mojada,
juega con sus pliegues y alisa las correrías,
ríe como infante y piensa como adulto,
sabe derivar el tiempo en intervalos,
esconde las llaves de su razón y se alimenta de aire,
tose constantemente como exorcismos santificantes,
en ocasiones se convulsiona,
pero lo que más le gusta es dormir.

Se hace largos con la sal de las playas,
roba los caldeados ánimos de extraños al pasar,
retiene la energía en frascos de vivaces colores,
para después hacerles moños y regalarlos a sus amigos,
sabe decir y su voz es fuerte y segura,
sus terrenos son donados y los caminos transitados,
se estremece con las tardes de ciruelos y naranjos,
gusta de mirarse en el espejo y mandarse besos.

Son sus medias tan extrañas y medidas buen intento,
se estira al cielo y otras se doblega al mar,
va cambiando con las notas y escucha sus corcheas,
se marchita cada tarde y rejuvenece a la luz mortecina de la luna,
un día dejará de hacerlo y bajará sus retinas,
enjugará sus manos y pies y andará descalzo,
se medirá con los suyos y despedirá de sí mismo,
dejará que las grietas se llenen de ríos,
y no volverá a despertar.

Así como llegó éste cuerpo ha de irse,
se escurrirá por una rendija,
doblará las rodillas,
se cerrarán sus ojos y la luz mortal ya no será,
pero quedará su perfume para gratinar las calles,
voltearán sus conocidos y reconocerán su olor,
devolveré lo que me fue prestado,
agradeceré por el tiempo extraño,
haré mis maletas y las dejaré en mi corteza,
alguien vendrá por mí y seré feliz.

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