En el cielo ya no hay azul, ni claro, ni oscuro penetrante, ni luna, ni sol.
Ya no hay vida pasada, porque los recuerdos se quedaron perdidos en el camino.
Tal vez debajo de piedras o tal vez atropellados por no saber usar el semáforo.
Unos se fueron con otros viandantes sin ser invitados, tal vez, pero me alegro porque ya no están conmigo.
Unos son indigentes y morirán tarde que temprano. Unos se escondieron tras una esquina cuando intentaban vigilarme para seguirme.

Todos ya no son míos. No me pertenecen. Si alguno me encuentra y me llama por mi nombre diré que me está confundiendo y pasaré de largo.
O le regalaré un libro para huir mientras ocupado lee.

La luna y el sol se asomarán junto con el azul claro u oscuro. Y se quedarán.

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