Te sentí en mi piel. Estabas ahí, a pesar del tiempo. La locura desmedida de mi vientre parloteaba con tus caricias marcadas. Mis ganas y mi cuerpo querían que los tomaras, que te adueñaras de ellos, otra vez.
Una canción por la tarde, tarareó aquella conversación en la que me puse celosa por haberme confesado que la amaste.
Los recuerdos traen tu mirada mientras te besaba.
Tus roces un poco toscos, nunca aprendiste mi definición de delicadeza.
Las frases acortadas y el miedo a decirlas, seguida de un primer beso de secuencias infinitas.
Mi cuerpo maldito y de premio un beso en la frente.
Tus brazos rodeandome.
No sé si fue el tiempo. Quiero creer que sí.

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