Archivos para la categoría: Diario de mis malos ratos

Las páginas se cierran, escapan hacia mejores paisajes.
Somos pájaros ávidos de palabras.
Un día nada está a tu favor.
Un día ni la brisa te acaricia ni te abraza el sol.
Entonces te detienes, como un automóvil, derrapando a chillidos.
Ves hacia atrás y no dejas ninguna huella.
Nada de ti se quedó atrás.
Te das cuenta que estás muerto.
Que alguien o algo te asesinó sin darte cuenta.
La sangre sigue revolcando a tu corazón.
El aire insiste en adentrarse a tus pulmones.
Pero ya nada es igual.

Las flores y los niños y los borrachos y los poetas.
Nada es igual para ti.
Así que puedes entregarte a la muerte, esa viejita sensual fumando un puro que te ha mirado desde siempre.
Olvidaste el miedo en alguna bolsa de tus pantalones.
Dejaste la sonrisa desperdigada sobre alguna paleta de caramelo.
Tus sentimientos fueron arrastrados por falsos amores.
Tus deseos se quedaron colgados en alguna mentira.
Ahora lo sabes y es terrible.

Quizá sea mejor vivir sin saberlo, disfrutar de tu supuesta libertad.
Quizá sea mejor cocinar alguna esperanza.
Agarrarte con tus pequeñas uñas en lo que queda del mundo.
O salir a enfrentar el sol con tus harapos.
Con tu pedazo de corazón.
Con las dos gotitas de vida que permanecen en tu cuerpo.

Eres la herida más grande del mundo.
Y el tiempo nunca tiene tiempo para ti, no le importas.
Al tiempo no le importa nadie.
Entonces suena el teléfono y es él.
Y piensas que es el universo y sonríes.

Resucitas.

Anuncios

Y de pronto, un día cualquiera
en un lugar cualquiera, a tal hora,
te das cuenta que estás enamorado
y tienes que aceptarlo,
dejar que el amor se apropie completamente de ti
es más, lo contemplas
es como tener un hijo
ahora no sabes qué hacer
cómo comportarte
y tienes miedo de actuar estúpidamente
de hacer una gran tontería
de salir corriendo despavorido…
Y a pesar de todo te arriesgas a quedarte
y sentirte estúpido y hacer tus cosas
a creer, a que te caiga el veinte
que estás enamorado.
Quieres explicarte algo
pero todo es bellamente brumoso.
Sigues, escribes cosas como estas
y terminas diciendo:
Ojalá nunca termine.

El amor no es algo para mi,
este amor hacia ti no es mío.
Estoy muy lejos y soy muy pequeña
para hacerte creer lo que el amor por ti
está haciendo conmigo.
Ya no soy dueña de mis sentimientos
ni de mis pensamientos
ni siquiera de mis sueños.
De todo se apropió el amor, incluso de mi.

El amor por ti.

Me gustaría compartirte algo de los ruidos,
de pequeñas cosas que se mueven,
de la música de las gotas de lluvia,
un tajo de esta soledad amarilla
una taza de café
la mitad de este vacío.

Estas horas oscuras también te pertenecen
el calor de mis brazos inquietos
las dimensiones de mi cama
(te haré un escondite con mis sábanas).

Es tuya la mitad de esta distancia,
una porción de este aire de agonía,
el insomnio que no había sufrido en años,
la superficie de las palmas de mis manos,
todas estas letras que te invocan,
los espacios oscuros que van durmiendo las cosas,
el cincuenta por ciento más uno de mis fantasmas.

O toma lo que quieras
porque esta noche es demasiada para mí.

Para escribir bien se necesita tener salud
y conocimiento sobre alguna corriente literaria,
estudiar comunicación o letras hispanoamericanas
y se necesita disciplina y un proyecto,
una buena ortografía, un escritorio y un ordenador con pantalla grande,
una cafetera y cuadros de Van Gogh en las paredes.

Quizá para escribir bien se necesita ser viajero o náufrago,
tener una lista de escritores de nombres extraños,
hablar otro idioma
tener un estilo, un concepto y cierto prestigio.

En cambio para escribir bonito
se puede usar la tierra o la arena como superficie
y no hacen falta paredes decoradas
basta con lápiz y papel,
se puede escribir bonito sobre la hojarasca
en los cinco minutos entre clase y clase
en un cuaderno de química sin terminar,
con sólo el título de tercero de primaria,
se escribe bonito con 39º C de temperatura corporal
o mientras esperamos a que se caliente la sopa,
sin caligrafía, sin ortografía y sin un pedazo de pan en el estómago,
en plena soledad
sin saber nada del mundo.

Para escribir bonito sólo se necesita soñar.

Domingo

Antes de que llegue el lunes, día aborrecido por tantos, quiero hacer de este domingo un día infinito. Por eso le escribo, invitándolo a ser el último domingo de mi vida.

Foto por Akin Cetin.

Me gusta despertar después de un día que estallé.
Me gusta ver con risas y nuevo filtro las cosas.
Me gusta ese aire como si estuviera enamorada.
De todo y de nada.
Sin razón.
Con locura.